Tallin acusa a Moscú de sabotear su acceso a Internet tras la crisis por un momento bélico.
Los tiempos han cambiado y enviar al Ejército Rojo para someter a los países sublevados ya no se estila. Ahora, las tropas más dañinas las conforman legiones de informáticos que sabotean las telecomunicaciones.
Estonia y Rusia viven estos días enzarzados en una guerra online sin precedentes que ha dejado ciberaislado al país báltico. El origen de la disputa es relativamente prosaico: el Gobierno estonio decidió trasladar una estatua de guerra de la era soviética del centro de la capital, Tallin, a un cementerio en las afueras. El monumento al Soldado de Bronce es para los rusos un símbolo de la lucha contra los nazis y para los estonios la viva imagen de la ocupación soviética. Rusia impuso a principio de mes un bloqueo en las importaciones y exportaciones con el país báltico, en especial de productos energéticos.
Del bloqueo real al virtual
Ante el asedio, el Gobierno estonio ha respondido con gestos insuficientes: lejos de recolocar la estatua se ha limitado a depositar flores en su nueva ubicación. El Ejecutivo de Vladimir Putin ha decidido echar mano de sus armas virtuales y atacar las telecomunicaciones estonias.
Los ciberataques incluyen embestidas en forma de decenas de miles de visitas a webs oficiales, medios de comunicación y bancos, impidiendo sus actividades. El ministro de Exteriores estonio, Urmas Paet, acusa al Kremlin de los colapsos en sus redes telefónicas y de internet, según recogía ayer el diario británico The Times.
La gravedad del asunto la resalta un alto funcionario de Bruselas a la revista TheEconomist al ser preguntado si un ciberataque debería ser entendido como un acto militar: “Si el centro de comunicaciones del Estado miembro es atacado con un misil, lo llamaría un acto de guerra”, señaló, “así que ¿qué haría si la misma instalación es neutralizada con un ciberataque?”.
El próximo capítulo se vivirá este fin de semana: Rusia y la Unión Europea se reúnen desde hoy en una cumbre.
Publicado en el periódico ADN
el viernes 18 de Mayo de 2007
por Ainhoa Gomà (Barcelona)